“The path of tenderness is endless.”— Rainer Maria Rilke, tr. by Paul Batchelor, from “Orchard,” wr. c. June 1917
(via astranemus)

Hay algo que ha estado cruzando lo más profundo de mi durante esta semana.
Adios a un grande: Manrico Montero se fue. Un importante artista que fue una gran inspiración para muchos, falleció repentinamente. Lo vi varias veces desde su regreso de Sudamérica. De hecho, tuve la oportunidad de invitarlo en dos ocasiones. Una en colaboración con Israel Martinez bajo contexto de festival (justo a la mitad de todo, como un eclipse) y otra en solo para una sesión Side Effects con el japonés Kenta Kamiyama, Liminar y más. En este tiempo, lo vi varias veces… Alguna vez muy bien, alguna vez muy mal. Recientemente, mejor. En la última ocasión, cumpleaños de Malitzin Cortés, cantó a petición de la festejada con su amigo Arcangelo Constantini, y yo también canté, “Dream On”, paradójicamente. Pero así como muchos más, no creí que fuera a partir de forma tan repentina.
Uno de los primeros mensajes que recibí el día después de su fallecimiento, fue el que una amiga que me escribió: “Biz, me dijeron que Manrico murió, no puedo creerlo”.
A lo que de inmediato pensé a mis adentros, pues… es verdad, yo también estoy en shock al respecto y sé que va a ser casi imposible llenar su vacío después de todo lo que aportó culturalmente a este país. Sin embargo, también pensé que justo ahí radica la importancia de estar y conectar, en medida de lo posible.
Me hace un buen de ruido como tiene que pasar algo así para que se valore el enorme trabajo de un artista. Es duro pensarlo pero creo que vale la pena hacer ciertas preguntas:
¿A cuántas de sus presentaciones fuiste desde que regresó a México?
¿Hiciste algún esfuerzo por verlo en persona o en vivo?
¿Compraste alguno de sus discos?
¿Estuviste ahí para darle el más mínimo gesto de apoyo en lo que fuese que estuviera viviendo en sus últimos días?
Yo sé que todo mundo es súper ocupado en este tiempo, que quizá tienen muchísimas cosas personales que atender y que varios ya cuentan con los dedos de las manos los conciertos o fiestas a los que van no se diga al mes, quizá al año.
Estoy consciente de que no todos pueden hacer la diferencia. También sé que muchas nuevas generaciones ni siquiera tienen una idea de lo que hubo detrás, o antes de lo que hay ahora. No tienen por qué saber su importancia, pero quizá la puedan descubrir y quizá también deberían de tenerle algo de respeto a esa historia previa. Y más que el pasado, que esto nos sirva a todos para considerar si vale la pena estar y conectar en el presente… aunque sea de vez en cuando.
Manrico en específico fue un artista que alentó a muchísimos a hacer muchas cosas: no sólo a unos cuantos, sino a casi todos por igual, desde su faceta de música electrónica (Linga, Karras), la faceta experimental, las increíbles bandas que tuvo y cuya existencia considero hallazgos tremendos (Estructuras de la Tarde, Igloo, La Orquesta Silenciosa), su impulso a la creación de sellos (Mandorla, Filtro), las investigaciones del paisajismo sonoro, la naturaleza, bioacústica y,
—quizá la más importante de todas—, su simple pero enorme calidez cada vez que te lo encontrabas. Era inspiración pura.
Que su partida nos sirva para pensar al menos unas dos veces qué es lo que realmente trasciende detrás de ese ‘Like’, de ese mail o ese mensaje, de ese botón de “Interested”…. pues creo que conectar de vez en cuando, puede ser más importante de lo que creemos en el futuro. Un mensaje desde el fondo del corazón en una semana en la que se nos fue alguien importantísimo.
Manrico: Descansa en paz y gracias por tanto.
Mientras soñamos con wi-fi eterno, me pregunto por cuánto tiempo ha existido la narrativa y cómo ha cambiado por la hipernarrativa. A lo que alguien me contesta: la narrativa desde que la humanidad es humanidad, la hipernarrativa desde tiempos bíblicos. Entonces me pregunto si pudo la Biblia haber sido uno de los antecedentes del internet, y pienso en el hecho de usar la página 420 de dicho libro para forjar un cigarrillo como una analogía de la hiper-dispersión de la red. La conclusión de esta persona, menos divagante es: no el antecedente directo pero quizás fue el inicio de la relación histórica del hombre con narrativas que superan la diégesis de su vida.
-Luis Clériga, 2015
The Emperor Machine
(via tsun-zaku)
The equal sign (“=”) was invented in 1557 by Welsh mathematician Robert Recorde, who was fed up with writing “is equal to” in his equations. He chose the two lines because “no two things can be more equal”.
(via allofmymaths)
Amo Facebook. Amo que hayan limitado el ‘organic reach’ y que no le lleguen tus actualizaciones ni a tus propios amigos. Amo la dispersión y fragmentación en redes sociales. Amo el momento histórico que vive México. Amo el sentimiento colectivo de la sociedad en el tiempo presente. Amo el tráfico. Amo a los conductores. Especialmente amo a los microbuseros y a los taxistas. Amo la histeria de las señoras que me respetan cuando manejo o conduzco en bicicleta. Amo el manejo de las instituciones públicas. Amo su responsabilidad con la cultura. Amo al gobierno. Amo la forma de pensar de la generación arriba de nosotros. Amo todo lo que pudieron hacer. Amo a la gente que se hace responsable de lo que dice y hace. Amo a Enrique Peña Nieto. Amo a Miguel Mancera. Amo a la policía. Amo lo que han hecho con la Ciudad en la que crecí. Amo que el dólar esté a casi $14 pesos. Amo a la gente “leech”. Amo que todo esté a precio de dólares. Amo el estado actual de los medios públicos. Amo el periodismo escrito. Amo las nuevas leyes de internet y todas sus posibilidades. Amo la forma en la que la gente se mete a si misma al metro en horario pico. Amo como la gente lee y se quiere educar. Amo la forma en la que los hombres tratan a las mujeres y lo que provoca en su comportamiento. Amo el clasismo. Amo la xenofobia. Amo los valores que profesan día con día en sus acciones. Amo la televisión y radio de calidad que abunda en nuestro espectro y frecuencias; especialmente en tiempos electorales. Amo las instituciones dedicadas a supervisar nuestra democracia. Amo el sentimiento de estar a punto de tocar fondo. Amo el panorama de posible consumación que presenta el próximo año. Amo casi todas las escuelas en las que he estudiado. Amo tu vibra distante. Y lo más probable es que te ame a ti.
-Luis Clériga, 2014
Please.
(via uptional)
Un mar sin agua…
Es curioso como, en el pasado muy reciente, al menos dos personajes que estimo y respeto, me han tratado de convencer de como por algunos deslices de este año, aparentemente todo va “mal” o como si eso implicara que ya “nadie” quisiera trabajar de nuevo. Al grado de cerrarse y dejar de lado algo especial que está justo enfrente. Honestamente, me parece un poco limitada esa manera de pensar e incluso de juzgar el presente. ¿Qué no fue Steve Jobs —y una buena cantidad de genios más— el [y los] que dijeron que stay foolish y que había que salir a equivocarse allá afuera? ¿Qué no se supone que la vida está constituida de errores, y que a través de los mismos y del fracaso puro, se aprende? Se dice que la práctica hace al maestro y, honestamente, creo que esa mentalidad de “Ya no eres lo que que eras” o “Después de tal cosa, a ver quien quiere trabajar”, me parece bastante limitada. Más cuando hay un proceso de conscienca detrás, ni se diga una buena cantidad de aciertos a la vez de los errores. Creo que es increíble e importante experimentar con diversas posibilidades y configuraciones que te da la vida, al mismo tiempo fundamental caer en cosas que no tenían por qué ser, y lo más importante, rectificar para aprender de ellas. Pero de eso a que te venga a aseverar que todo mal o que ya nadie va a querer hacer nada, pues creo que hay una gran distancia que francamente ni siquiera le llega de cerquita a la realidad de las cosas. Quiza está en nuestra naturaleza el recordar más lo malo; pero creo que también debemos de vivirlo para llegar a otras cosas.
Todo esto a colación porque estoy feliz de que algunas de las opciones que se han cerrado, han dado lugar a muchas otras nuevas posibilidades y eso es parte de lo emocionante de la vida. Mientras deja unas, trae otras; y eso implica el reto de superación, de retirarse de ciertas cosas, de consolidarse en otras, de planear mejor, de usar las enseñanzas que te dan los fracasos para materializar nuevas ideas increíbles.
Alguna otra ocasión, una artista me habló del error como algo bello dentro de los humanos, como algo lleno de matices, como la parte cálida que da lugar un movimiento, crecimiento, logros, pasos. Belleza. La evolución de la esperanza está conformada de aprendizajes, del reconocimiento de patrones con respecto a que venimos a este mundo justamente a aprender, no a tener un historial impecable, sino…, mejor aún, a tener una trayectoria que no es lineal, que se basa en creer que podemos mejorar aquello que somos, no únicamente lo que hicimos bien o mal en un pasado, para así realmente progresar. Así que desde un panorama post-todo, agradezco la sublime posibilidad de poder errar y que nos equivoquemos como humanos: creo que es muy cerca de ahí dónde se encuentra el verdadero avance.